A día de hoy 1,3 millones de jóvenes, entre los 20 y 29 años, está buscando trabajo. Se trata de un 52% más que hace un año. Ante esta circunstancia no es de extrañar que el paro suponga la principal preocupación de los jóvenes españoles. Un 62% de los jóvenes de entre 18 y 30 años consideran que éste es su principal problema, seguido de la vivienda que representa un 30%. Ni siquiera los bajos salarios, los contratos temporales y las interminables becas suponen un problema. Ya sólo importa encontrar un trabajo a cualquier precio. Fernando Vallespín, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma, y director del estudio de la Fundación Bertelsmann, recordó que España ocupa uno de los primeros puestos europeos en lo que a paro juvenil se refiere. No se extrañó por tanto de que el estudio reflejara que sólo a un 11% de los jóvenes les preocupan los salarios bajos y los contratos precarios.
Cultura emprendedora
Mucho se ha hablado de la falta de espíritu emprendedor en la sociedad española. La idea de montar tu propio negocio ha sido hasta hace bien poco algo ajeno a nosotros, pero parece que esto está cambiando. El estudio de la Fundación Bertelsmann recoge un dato esperanzador: un 59% de los jóvenes han pensado alguna vez en montar una empresa y un 6% la han logrado crear ya. También las preferencias a la hora de escoger un trabajo han cambiado. Si ser funcionario era el sueño de muchos jóvenes de las generaciones anteriores ahora se valora mucho más que el empleo se adecúe a los intereses personales de cada uno. En una escala de 0 a 10, al clasificar el trabajo ideal, ser funcionario sólo alcanza un 6,6, mientras que tener un trabajo que se adapte a nuestros intereses personales y cualificación profesional alcanza un 8,3. Las preferencias por tener un negocio propio también son altas, con un 7,3.
Visto lo visto es importante señalar las razones por las que los jóvenes dispuestos a crear una empresa no han podido crearla. Como era de esperar es la financiación el principal escollo para crear una empresa. Un 60% de los jóvenes que pensaban crear una empresa no lo han hecho por falta de dinero.
Según un eurobarómetro de 2007 ocho de cada diez españoles están convencidos de que la iniciativa emprendedora es la base del crecimiento económico y el desarrollo social, pero sigue existiendo una visión muy pesimista sobre la posibilidad de tener éxito a la hora de montar una empresa. El pesimismo no está del todo injustificado, debido a nuestra alta tasa de fracaso empresarial, pero el principal problema es la poca capacidad que tenemos a la hora de aceptar el fracaso. Mientras que en la cultura anglosajona se tiende a ver el fracaso como una oportunidad, y es muy habitual que los empresarios con éxito lleven a sus espaldas unos cuantos negocios fracasados, en España solemos tirar la toalla a la primera embestida. Según el Global Entrepreneurship Monitor -un grupo académico sin ánimo de lucro que estudia la actividad emprendedora a nivel global- sólo el 17% de los emprendedores españoles que fracasan en su primero negocio vuelven a intentarlo.
Juventud solidaria
El estudio de la Fundación Berstelsmann incide también en la capacidad de la juventud española para participar activamente en la mejora de la sociedad, ampliando así el sentido de emprendedor. La presidenta de la Fundación, Lizh Mohn, quiso destacar que un emprendedor no es sólo el que monta una empresa, también las asociaciones sociales deben considerarse parte del espíritu emprendedor. En este sentido cabe destacar que aunque un 77% de los jóvenes cree que participar activamente en la sociedad aporta más ventajas que inconvenientes tan sólo un 21% se ha planteado alguna vez crear su propia asociación para fomentar alguna realidad social.
Coincidiendo con la presentación del estudio, y el congreso Diálogo y Acción, la Fundación Berstelmann entregó un Premio al Fomento de la Cultura Emprendedora, que recayó sobre la empresa pública Valnalón con sede en Langreo (Oviedo) y uno a la Mejor Iniciativa Emprendedora Social Juvenil, que fue entregado a la Asociación Ilógica de Zaragoza.
Entrevista a Alejandro Romeo - Presidente de la asociación Ilógica
¿Cómo habéis recibido el premio?
Lo hemos recibido muy ilusionados. Somos una asociación chiquitita que llevamos casi nueve años haciendo cosas, pero a nuestro nivel. Un reconocimiento de una Fundación tan grande como la que nos la ha dado, que nos lo diera el Rey en un hotel de cinco estrellas… Muy bien.
¿Cómo habéis llegado hasta aquí?
El premio era para emprendimiento social juvenil. En España cuesta el emprendimiento social, y hecho por jóvenes todavía más. Principalmente nos lo han dado por eso. Somos todos jóvenes, haciendo cosas para jóvenes.
¿En qué consiste la asociación Ilógica?
Es una asociación de jóvenes que nació porque veíamos que había que hacer las cosas de otra manera, no sólo por dinero, si no porque existía la necesidad de hacerlo. Cada año nos planteamos un proyecto nuevo. Observamos que falla en nuestro entorno y decidimos hacer algo para intervenir, en cualquier tema social.
¿Cómo surgió todo esto? A veces lo más difícil de una asociación es fundarla…
Las personas que formamos la asociación estábamos dentro de otras entidades, unos en la parroquia del barrio y otros en asociaciones de tiempo libre… Veíamos que no funcionaban, que la gente se quemaba muy pronto. Decidimos que íbamos hacerlo nosotros. Todos éramos voluntarios y empezamos a hacerlo.
¿En qué consiste vuestro proyecto Memoria para no olvidar?
Surgió porque a muchos de los que estábamos dentro de la asociación se nos murió un abuelo y nos dimos cuenta de que no iba a haber forma de preguntarles cosas que se nos habían quedado en el tintero. A raíz de esto decidimos que no queríamos que a otros jóvenes les pasara lo mismo y se quedaran preguntas sin resolver. Entonces decidimos hacer una encuesta. Fuimos a unas cuantas residencias de ancianos y centros de día para hacerles la entrevista. No por tener muchos datos, si no más bien para conocer más a esa generación. Teníamos la visión de nuestros abuelos solamente. Nos faltaba información. Después de haber hecho las entrevistas fuimos a institutos y les planteamos entrevistar a sus propios abuelos. Los chavales al principio era un poco reacios, pero cuando vieron el cuestionario que habíamos hecho les interesó un poco más, porque eran preguntas sobre las cosas que habían hechos sus abuelos cuando tenían su edad. Realizamos el proyecto en varios institutos y la mayoría de los chavales volvieron muy contentos