Hemeroteca :: 09/06/2010
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SENSACIONES
Por Miguel Ayuso Rejas
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mayusomenos25com/6/6/14
Última actualización 10/06/2010@09:09:59 GMT+1

Otro año más toca viajar a Barcelona para asistir al festival de referencia de la música alternativa en España. Este año se han batido todos los records. 240 conciertos y más de 100.000 personas han hecho de esta edición la más exitosa, coincidiendo con el décimo aniversario del festival. Como siempre ha sido imposible acudir a todos los conciertos. He aquí mi particular selección.

Aunque todos los años me planteo no agobiarme en el Primavera, es imposible no andar corriendo de un escenario a otro. Las opciones son tantas, y tan jugosas, que al final acabas viendo medias actuaciones con tal de no perderte ningún grupo. Este año ni siquiera dio tiempo a pasarse por el hotel a dejar las cosas, y tuve que ir directamente de la estación al Forum.

Hay que destacar que pese a ser el Primavera más multitudinario ha estado mucho mejor organizado que la pasada edición. Había pocas colas en las barras, los accesos estaban más trabajados, y no hubo en ningún momento la sensación de caos del sábado del año pasado, cuanto estuvo tocando Neil Young.

Jueves
A las ocho de la tarde tocaban The Fall, uno de los grupos que más me apetecía ver de todo el festival. Llegamos justitos para ver a Mark E. Smith y compañía. Los ingleses dieron un concierto con mala leche, sucio, y no apto para todos los públicos. Principalmente se dedicaron a repasar su excelente último disco, Your Future Our Clutter (Domino) y tocaron alguna rareza, como la versión del Strychnine de los Sonics. Lo cierto es que el sonido dejaba bastante que desear, pero sólo ver a Smith en faena merece la pena. Este señor es lo más punk que ha salido de las islas británicas, aunque parezca un borracho de barrio que acaba de perder una partida de dominó. Se dedico todo el concierto a subir el volumen de los amplificadores como le venía en gana, a tirar micrófonos y, en definitiva, a molestar. Justo lo que todos queríamos ver.




Después del concierto de los Fall intenté ver un rato a Pony Bravo, la banda sevillana de copla post-punk (o algo así) que ya me dejaron noqueado en el pasado Monkey Week. Lástima que a los 20 minutos empezaban Superchunk, otro de los grupos que quería ver sí o sí. Si lo llego a saber me quedo viendo a los sevillanos. No es que el concierto de Superchunk estuviera mal, sus fans lo disfrutaron de lo lindo, pero a mi me pareció una cosa descafeinada que estaba más cerca de El Canto del Loco que de los himnos de punk-pop de No Pocky for Kitty. Algún amigo me regañó por no tener sensibilidad pop, y lo mismo tiene razón, pero el concierto me pareció un tostón de campeonato.

Después de la primera decepción fui a ver a los Cocodriles. La banda de Nueva York —que toma su nombre del primer disco de Echo & The Bunnymen— no era mala, pero olía a refrito. Hemos visto muchos cantantes de Nueva York vestidos de negro y con gafas de sol imitando las melodías de la Velvet. Tampoco es necesario ir por el mundo paseando clichés de ese calibre.

Después de esto llegaba el primer dilema del Primavera. ¿Mission of Burma o Pavement? A los primeros ya les había visto, pero me vuelven loco, a los segundos no, pero no me gustan tanto y tocaban en el escenario grande (demasiada gente). Opté finalmente por ver a Mission of Burma; segundo error del día. Estos veteranos, y pioneros, del punk-rock estadounidense, lo hicieron bien, pero sonaron de pena. La guitarra no se oía nada, y el conjunto sonaba tan bajo que podías hablar en primera fila susurrando. Una pena, porque la selección de temas estuvo fetén y técnicamente son una banda inmejorable. Encima luego me restregaron que el concierto de Pavement había sido espectacular (aunque tampoco me lo creo). En fin, otra vez será.

Tras esto nos dimos una vuelta por el festival y vimos a Apse. Me gustaron, aunque los discos que había oído no tenían nada que ver con lo que estaban tocando. Todo tiene una explicación, al parecer en su último disco, Climb Up, han dejado de lado el post-rock oscuro y apocalíptico para firmar canciones bailables que rozan el post-punk. (Nota mental: escuchar siempre el último disco de las bandas).

Viernes
El viernes llegamos a primera hora de la tarde al recinto —un esfuerzo titánico— para ver a Cohete. La banda madrileña de pop bien se habría merecido actuar a una hora más decente, pero en este festival si eres de la península te toca abrir los conciertos.  Pese a esto, y el escaso público, el bolo fue de primera. Buen sonido, grandes canciones —eso ya lo sabíamos— y mucha técnica sobre el escenario.

Sin movernos del escenario Vice —el más alejado, pero a la par el más cómodo y con menos gente— vimos a Harlem. La banda estadounidense venía a presentar su nuevo disco, Hippies (Matador), y con semejante artefacto  las expectativas eran altas. El concierto estuvo bien, pero falto algo. El disco es puro pop, pero suena a rock, con un toque lo-fi (no tanto como Beat Happening, a los que recuerdan a ratos, pero casi) y mucha influencia garajera. En directo todo esto se pierde. El grupo sonó demasiado limpio y con poca garra. Las canciones estaban ahí, pero si el disco suena más agresivo que el directo el problema está servido.

La pequeña decepción de Harlem se subsanó rápido con la increíble sorpresa que dieron The Oh Sees. La bada liderada por John Dwyer (Coachwhips, Pink and Brown, The Hospitals) dio uno de los mejores conciertos del festival. A medio camino entre los Cramps, la Velvet Underground y Cock Sparrer, The Oh Sees pasearon sus fantásticas melodías cargadas de feedback y ruido, con una actitud tremendamente punk.



Tras esto llegó el turno de los Condo Fucks, el álter ego de uno de los grupos habituales del festival: Yo la Tengo. Esta banda paralela da rienda suelta, en forma de versiónes, a la vertiente más garajera de la banda —el bajista, Mike Lewis, es un histórico del género, y ha tocado en bandas como The Lyres y DMZ— . Las canciones escogidas eran para sacar nota. Entre todos sólo pudimos reconocer una canción de los Cynics, una de Roxy Music (con la que cerraron), el Come on Up de los Rascals y un particular homenaje al recientemente fallecido Alex Chilton. El concierto fue interesante, más que nada por ver a una banda de virtuosos como Yo la Tengo hacer canciones de este pelaje, con mucho ruido y actitud.

Llegaba ahora el turno de ver a uno de mis grupos favoritos, los ingleses Wire, y para ello tuve que sacrificar a otro de los nombres grandes del festival, Wilco, que cuentan, no tuvieron su mejor día. La banda de Colin Newman dio un concierto extraño, difícil, plagado de canciones desconocidas y sin apenas hits de sus primeros discos. Pese a esto, o quizás debido a esto, el concierto fue otra demostración de lo grande que es esta banda, capaz de sorprender con más de 30 años de carrera a sus espaldas. Cierto es que el sonido no acompañó, pero sus melodías oscuras, sus juegos con las voces y su agresividad, compensaron este fallo.

Después de esto nos movimos de escenario para ver a Shellac. La banda de Steve Albini tocaba por cuarto año consecutivo en el festival, que parece haberles apadrinado de por vida. Hay quién se queja de esto, pero yo no me canso de verles todos los años. En esta ocasión el concierto sonó todavía mejor de lo que nos tienen acostumbrados. El bajo era agresivo y nítido, la guitarra hiriente y se escuchaba perfectamente cada detalle de la batería. Un diez de nuevo para su hardcore minimalista.

Sin ver el final de Shellac nos fuimos corriendo a coger sitio en el escenario grande donde estaban a punto de empezar los Pixies. Como era de esperar el escenario estaba abarrotado, más tarde nos enteremos de que había sido el concierto más multitudinario de la historia del festival. Ni siquiera pudimos acercarnos un poco al escenario, así que nos tocó ver al grupo por las pantallas, lo que rebaja mucho la experiencia del concierto. Black Francis y compañía salieron al escenario, tocaron y se fueron. Son ya unos funcionarios del rock, eficientes, pero previsibles. Aunque sus canciones siguen siendo enormes y funcionan a la perfección, no hay ni una sola sorpresa. La sensación de que vienen sólo a por nuestra pasta está ahí y les resta credibilidad. Si no sacan un disco nuevo deberían plantearse dejar de tocar. Ya no tiene sentido.



Después de esto, y con una paliza de escándolo encima, nos paseamos por el festival viendo a unos cuantos grupos que no me despertaron especial interés. Acabamos viendo al clon catalán de los Black Lips, Mujeres, que me parecieron una copia descarada con poca gracia (sigo sin saber porque tocaron tres veces a lo largo del Primavera).

Sábado
Para empezar el día nos fuimos al parque Joan Miró, donde desde hace unos años se ofrecen conciertos gratuitos como parte de la programación del festival. Estuvimos viendo a The Oh Sees —y lo volvieron a hacer— y a los Ganglians, que dieron un concierto plagado de problemas técnicos, aburrido, y que no hacía justicia a sus excelentes discos.

Ya en el Forum empezamos viendo a Michael Rother, el líder de los alemanes Neu! (una escisión de Kraftwek, pionera del krautrock con dejes electrónicos), que hizo un repertorio con canciones de su antigua banda. Fue un concierto la mar de interesante, sobre todo en cuanto al sonido y la cacharrería que llevaba el amigo. La cosa sonó contundente y el público lo disfrutó de lo lindo.

Llegaba el turno de The Slits. La banda femenina de finales de los 70 se presentó con tres de los miembros originales, según mis cálculos derivados de la edad. El concierto fue de lo más gracioso en el sentido peor de la palabra. La cantante daba vergüenza ajena y en general, pese a algún destello aislado de genialidad, el concierto fue un despropósito mayúsculo.

Era el turno de escoger entre la recreación de la Leyenda del Tiempo de Camarón, el nuevo hype de la temporada, The Drums, y el punk-pop de So Cow. Tras desechar la idea de ir a un auditorio abarrotado para ver a Kiko Veneno tocar Volando voy, acabe viendo a The Drums. No duré ni 5 minutos. Los chavales de Nueva York, que están en boca de todos por su efectista EP debut, eran un grupo de quinta. Malos, istrionicos, y sin gracia. Me fuí rápidamente a ver a So Cow. El irlandés que ya me sorprendió en su reciente visita a Madrid volvió a dar un concierto fresco y lleno de hits. Sus canciones plagadas de referencias a los grupos ingleses (principalmente a los Buzzcocks, los Jam y el primer Elvis Costello) son enormes. Si a este chaval, que debe rondar los 25 años, le grabaran un disco a lo grande triunfaría seguro.



Tocaba el turno de No Age. La banda de Sub Pop volvió a pasear su ruidismo extremo en un concierto contundente y con público entregado.

Después de esto vimos uno de los conciertos más destacables del festival, el de Liquid Liquid. La banda de Nueva York de los 80, recientemente resucitada, sólo lleva percusiones y bajo, y factura una música a medio camino entre el post-punk y los ritmos negros bailables. Un 10 y el broche a un festival en el que no quedó nada destacable. Hice pellas con los Pet Shop Boys, que no son santo de mi devoción, para ver a Lee “Scratch” Perry, que paseó su leyenda haciendo reggae de verbena (aunque sólo por su disfraz merecía la pena acercarse). Después estuvimos viendo a  los Almight Defenders, la super banda formada por los Black Lips, King Khan y BBQ. El concierto fue aburrido y no tuvo ninguna gracia. Dicen que era su último bolo , nadie les echará en falta.



En el mismo escenario, el Vice, nos quedamos a ver a HEALTH. La banda dio un concierto bastante bestia y ruidoso, algo que se agradece a esas horas (3:00 am) y aunque no les controlaba me sorprendieron gratamente.

Ya con los pies destrozados acabamos quemando los últimos cartuchos en la tradicional fin de fiesta de Dj Coco que cerró con Fugazi y Judas Priest. Excelente broche final.

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