¿Cómo le convencieron para hacer una película sobre Josemaría Escrivá?
Me hipnotizaron. Al principio no quería hacer este proyecto, sabía que había demasiadas dificultades, el tratar la religión y la Guerra Civil española era complicado. Entonces me di cuenta de que no hacer la película debido a esas dificultades era una forma de cobardía. Me pregunté cuál era esa cobardía, qué es lo que me preocupaba, entonces me di cuenta de que para hacer esta película con honestidad tendría que abandonar algunas posturas que sostenía, me iba a tener que hacer a mí mismo unas preguntas muy precisas. Tendría que preguntarme “¿qué piensas de la religión?”. Al contestar eso tendría que volver a preguntarme: “¿son estas preguntas superficiales o son simplemente una respuesta?”. Tenía que hacer lo mismo en lo que se refiere a mi postura en la política. Sabía que si iba a hacer esta película no quería que fuera ideológicamente rígida. Hay muchas películas acerca de la Guerra Civil española que aportan posturas ideológicas, en algunos sentidos puede ser más fácil, pero no funcionaría al nivel de lo que quería hacer, que era examinar el concepto del perdón y la reconciliación.
¿Había tenido algún contacto con el Opus Dei antes de hacer esta película?
Curiosamente sí. Cuando decidí estudiar llegué a la universidad bastante tarde, me apunté a última hora, y no sabía dónde hospedarme. Miré en las listas que ofrecían y vi que quedaba una cama en una habitación compartida de una residencia. No tenía ni idea de dónde estaba, y resultó ser una residencia del Opus Dei en la misma universidad. Fueron muy amables conmigo, pero después de un mes me pidieron que me fuera, porque entraba fuera de horario, por las ventanas. Recuerdo muy bien una cosa, no fueron críticos, no me decían “eres una mala persona”. Simplemente me dijeron, “mira, nosotros cerramos las puertas a las 11, si vas a venir después esto no va a funcionar, ¿quieres que te ayudemos a encontrar otro sitio?”. Les dije que me encantaría, porque me gustaría vivir solo, porque he pasado toda mi vida en un colegio interno o viviendo con mi familia. Y me dijeron: “es una muy buena idea, tendrías que hacerlo, para que puedas tomar responsabilidades por ti mismo, seguramente tienes mucho por descubrir”. Era cierto. Me trataron muy bien, aunque no volví a saber nada del Opus Dei.
¿Cómo encontró esta película?
Un productor me presentó la historia y le dije que no la quería, pero regresó un año más tarde y me pidió que lo reconsiderara. Le dije que no. Me preguntó, “¿por qué no tienes curiosidad?” Le dije que no era cuestión de curiosidad, que me parecía una película difícil de hacer. Entonces me dijo, “¿no haces películas difíciles?” Cuando me di cuenta de que me iban a dejar hacer lo que quisiera, para poder contar esta historia de la manera que me parecía a mí, me asusté, porque significaba que tenía que tomar responsabilidad por lo que hacía. Entonces se convirtió en algo irresistible.
A los españoles nos cuesta mucho abordar nuestra historia contemporánea, ¿cree que un director de fuera la ve de distinta forma?
Seguramente sí. Un director extranjero puede perder algún tipo de detalles, puede perder una conexión emotiva, que es lo que sí pueden experimentar las personas cuyos familiares y antepasados vivieron los hechos, pero a su vez puede haber cierta libertad, porque no tiene vínculos que le digan si tiene que pensar esto o lo otro. Puedo ser profético en el sentido de plantearme por qué no hubo una guerra civil en Inglaterra, y al hacerme estas preguntas empiezo a plantearme por qué sí hubo una guerra civil en España, y tiene que ver con la situación social y económica. También tiene que ver con las estructuras jerárquicas y la tendencia a ser algo extremos.
¿Nunca se planteó contar también la historia del Opus Dei tras la Guerra Civil, y su relación con el franquismo?
Sí lo consideré, y empecé a estudiar cuál fue el significado que tuvo. Me di cuenta de que no era algo que se pudiera filmar. La gente tiene unas ideas equivocadas de lo que realmente estuvo haciendo el Opus Dei en esa época. Podríamos decir que el Opus Dei apoyó a Franco y estuvo en su gobierno, pero de hecho, eso no es una descripción de lo que ocurría, es una declaración ideológica. Franco tuvo algunos ministros que eran miembros del Opus Dei. A su vez había miembros liberales del Opus Dei que eran persona non grata. Realmente el objetivo del Opus Dei es que la gente tome responsabilidad por sus propias decisiones. Cuando consideré la posibilidad de una segunda parte de esta película me di cuenta que sería una repetición de la primera y se convertiría en un ensayo histórico. Para mí, el empuje de la película es la idea de perdón y reconciliación y lo que eso podría significar y cómo se podría conseguir.
¿Cómo podríamos conseguir eso los españoles de forma definitiva?
En algún lugar en España, no se dónde, probablemente alguien que esté leyendo este artículo, hay un joven presidente Mandela. Un Nelson Mandela en ciernes, que entenderá que la fortaleza crucial que deben encontrar los seres humanos es la capacidad de superar sus propios prejuicios y sus propios sufrimientos, en el servicio de un mayor entendimiento de la humanidad.
Entonces, no cree que la transición cumpliera este papel.
No, pero es algo muy difícil de conseguir. Recuperarse de las heridas de una guerra civil es algo psicológicamente muy difícil. Vamos a tomar el ejemplo de los Estados Unidos. La guerra civil de los Estados Unidos fue mucho antes que la española, pero todavía si tocas ese tema en Estados Unidos saltan emociones. Es por eso que es tan importante que la reconciliación se convierta en la consigna de esta generación. Os voy a contar una pequeña historia. Cuando estaba escribiendo la película vi una entrevista en la CNN a una mujer africana. El presentador introdujo a la mujer diciendo que cinco de sus hijos y su marido habían sido asesinados durante la masacre de Ruanda, entonces la cámara se mueve, y al otro lado de la mesa hay un hombre joven. El entrevistador dijo: “este hombre, que está tomando el té con la señora, es el hombre que disparó a sus hijos”. Hay una pausa y el entrevistador le pregunta a la mujer: “¿cómo puedes hacer esto? ¿Cómo puedes tomar el té con el hombre que ha matado a tus hijos? ¿Cómo lo haces?”. Entonces la mujer mira al reportero y le dice: “me ha pedido perdón, él tiene un arrepentimiento verdadero, mis hijos están muertos ya, ¿qué quieres que haga? ¿que continúe con el odio? ¿frivolizar la muerte de mis hijos? La muerte de mis hijos es lo más importante que ha pasado en mi vida, y seguirá siéndolo, pero tiene que utilizarse para crear perdón, y no para continuar con el odio y la violencia”. Cuando vi eso pensé que no sabía si sería capaz de hacer eso. Ella lo hizo, y era una mujer con menos formación que yo, así que como ser humano era más fuerte.