La Universidad Politécnica de Madrid ha celebrado su undécimo campeonato de robótica: CyberTech. A día de hoy es la única competición de estas características de la universidad madrileña y reúne a estudiantes de distintas escuelas de la Politécnica. El ganador de este año ha sido el equipo Horus, capaz de diseñar un robot que superó con solvencia las dos pruebas de la competición.
El departamento de Automática, Ingeniería Electrónica e Informática Industrial de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la UPM organiza CyberTech por undécimo año consecutivo. El concurso nació como una idea del departamento para que los alumnos tuvieran algún tipo de contenido práctico en los primeros años de la carrera, ya que hasta el cuarto curso no tenían ninguna asignatura donde aplicar sus conocimientos. Desde su creación la convocatoria ha ido creciendo y, aunque en los últimos años el presupuesto ha sido más ajustado, los alumnos siguen acogiendo el concurso con expectación, pese al trabajo que conlleva.
Bases y pruebas El concurso, que está abierto a cualquier alumno de la Universidad Politécnica, consta de dos pruebas clásicas de las competiciones de robótica: laberinto y rastreadores. Este año han participado 13 equipos, integrados por alumnos de Industriales, Informática y Telecomunicaciones.
En la prueba del laberinto los robots deben superar un circuito, que los equipos desconocen hasta la fecha de la competición, en el menor tiempo posible. Los robots, que deben ser completamente autónomos –no pueden ser dirigidos por ningún miembro del equipo–, se valen de sensores para ir superando los distintos giros y caminos cortados. Para superar la prueba con éxito, es importante elaborar diseños que aúnen velocidad y una buena capacidad de giro y consigan llegar a la salida equivocándose al elegir camino el menor número de veces posible. Durante el desarrollo de la competición vimos diseños muy rápidos, pero que tardaban más en encontrar el camino correcto, y otros lentos, pero que iban directos a la salida, sin la menor complicación En la prueba de rastreadores los robots compiten en un circuito marcado en el suelo. Los diseños deben seguir las líneas negras que marcan el camino, evitando diversos obstáculos que se van añadiendo a medida que avanza la competición. En un primer lugar los equipos compiten por separado, contrarreloj. Los circuitos están diseñados con diferentes atajos, que los robots pueden utilizar si son capaces de detectar diversas marcas que indican los desvíos. En la final hay objetos por medio, de manera que los robots deben ser capaces de saber si van por la derecha o por la izquierda para esquivarlos. Además, y ésta es la parte más emocionante de la competición, en la final compiten hasta cuatro clasificados, que pueden adelantarse como si estuvieran en una carrera de Fórmula 1. La mayoría de los diseños llevan una superficie blanca en la parte trasera para detectar si hay alguien delante, y adelantarle por la derecha o por la izquierda.
Como novedad, este año, se han unificado las pruebas, y cada diseño tiene que superar ambas para puntuar. Esto añade dificultad al concurso, pues es difícil diseñar robots que pasen con solvencia ambas pruebas. De hecho, si miramos las tablas de clasificación, encontramos que los robots que quedan en las primeras posiciones de una de las pruebas, están en los últimos de la otra. Los dos primeros clasificados, los equipos Horus e Hybrid, han sido los únicos capaces de colocarse entre los cinco primeros puestos de ambas pruebas. Los otros dos mejores clasificados, BricoGeek y Capote, no consiguieron terminar una de las dos pruebas.
En cada categoría se entregó un primer premio dotado de 600€, un segundo de 300€ y un tercero de 150€. Además se otorgó un premio al mejor diseño, de 150€, que se llevó el robot que mejor aguantó en ambas pruebas, el del equipo Horus campeón de la prueba de rastreadores, del equipo Capote
Semanas de trabajo Los alumnos que participan en el concurso reciben seis créditos de libre configuración, pese a esto, según nos contaron, el trabajo que lleva supera el tiempo reconocido en los créditos. Jorge García, del equipo RES, nos contó que llevaban diseñando el robot desde diciembre, y en Semana Santa trabajaron 10 horas al día para tenerlo a punto el día del concurso. Pese al trabajo realizado su equipo quedó en undécima posición.
Otra de las dificultades que encuentran los concursantes es la financiación. La organización solo entrega a los participantes una placa con un micro y otra de control de motores. El resto de los componentes corren a cuenta de los alumnos.
Casi todos los diseños llevan sensores Sharp y una placa Arduino, pero, además de esto, cada equipo puede invertir lo que quiera en su robot. Miguel, del equipo BricoGeek, nos contó que decidieron comprar unos motores Pololu, “muy pequeñitos”, y montarlos sobre un CD. El resultado era un diseño muy rápido. Javier, del equipo TinyTop, afirmaba, con resignación, que “todo es cuestión de dinero, si alguien compra algo mejor, gana”, y protestaba porque la organización daba muy pocas ayudas en ese sentido.
Video de la final de rastreadores
Actualización:
Según nos informa José Magros, del equipo Capote, el premio al mejor diseño no recayó en el equipo Horus, como erroneamente habíamos señalado, si no en su equipo, ganador de la prueba de rastreadores.
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