Autor: Camino Casado
No hay edades. Todos encendemos el ordenador por la mañana y lo apagamos por la noche. Incluso echamos un vistazo para ver las últimas noticias antes de acostarnos, leer los últimos mails o saber si ‘esa’ amiga que estaba de viaje ya metió sus fotos en Facebook, en Tuenti, o en las dos.
Antes las fotos eran algo privado, e incluso la gente se mostraba reticente a que se las hicieran; pero ahora están ‘colgadas’ en Internet. Es cierto que hay una política de privacidad de datos y tu eliges quién quieres que te vea o no, pero es más fácil dar a aceptar que a ignorar.
¿’Colgadas’? Puede preguntar una persona de 70 años. Y te dirá que se puede colgar un jamón, un chorizo o incluso si tu hijo se portaba mal, le decían: “te cuelgo como sigas así”. Ahora esa frase significa que estarás visible para todos tus amigos, que podrán comentar sobre ellas, saber tus aficiones, trabajo… ¡Toda tu vida estará expuesta en la red! Podrás crear comunidades, encontrar a antiguos compañeros de clase, invitar a la gente a los conciertos o a los eventos que te interesan.
“Hace unas semanas me agregó en Facebook un compañero de la universidad que no veía desde hacía años. Tenía un grupo que estaba bastante bien, y ahora sé que continúa, que le va genial y que incluso ha firmado discos en la Fnac”, cuenta Antonia Pomar Tomás, publicista de 26 años.
Lo que está claro es, que si antes los niños nacían con un pan debajo del brazo, ahora lo hacen con un ordenador.
¿Puede suponer un peligro para esos niños que han nacido viendo a sus padres trabajar frente a una pantalla y no delante de una máquina de escribir? En cierta forma si.
Un reciente estudio de la Universidad de Navarra afirma que el 43 por ciento de los menores que participaron en el estudio reconoció que navegaba por Internet sin ningún tipo de control por parte de sus padres.
Tanto la televisión como Internet roban un valioso tiempo de estudio a los niños. En el marco del Congreso Internacional de Familia y Sociedad, organizado por la UIC, el profesor Xavier Bringué indicó que el 25,6 por ciento de los niños ve la televisión mientras estudia y el 22,7 por ciento se distrae navegando por Internet.
Quizá tendríamos que sentarnos y pensar. Pensar que la educación sobre la red no es la suficiente para los niños y tampoco es buena para los jóvenes.
La asignatura pendiente
Internet es uno de los mayores fenómenos del siglo XXI, pero está poco aprovechado.
Historia de España, Teoría de la Comunicación, Historia del Periodismo Español, Tecnología, y otras asignaturas, llenan gran parte del curso lectivo de la mayor parte de las universidades.
Casi todas ya tienen una Facultad de Comunicación en y en la mayor parte de ellas se imparten una serie de materias generales y otras más específicas, pero hay algo en lo que los alumnos invierten mucho tiempo y no tiene que ver con los folios: Internet.
Práctico o teórico, lo cierto es que tanto los jóvenes como los que no lo son tanto, deben saber para que sirve y las utilidades que conlleva.
“Los estudios teóricos sobre Internet no existen. Es imposible que haya una métrica en la auditoria de la web. Para explicarlo, hay que hacerlo de forma práctica”, afirmaba Luis Ángel Fernández Hermana, que actualmente imparte un curso sobre comunidades virtuales para la especialización del periodismo electrónico, y que participó en el reciente congreso sobre de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, celebrado en el IESE.
Pero no hay que dejar que aprendan solos. Como en todo lo que merece la pena aprender, se deben imponer una serie de pautas que ayuden a llevar a cabo una comunicación responsable, porque si algo caracteriza a la web 2.0 es en la interactividad, es decir, la capacidad de poder relacionarse con el resto.
Como todo, este tipo de comunicación entraña peligros. Cualquier persona de todas las edades pueden inscribirse, ofrecer datos falsos e incluso subir fotos que no son suyas.
De esta forma, la posibilidad de hacerse pasar por usuarios corrientes que no levanten sospechas y de llegar a un elevado número de personas aprovechándose del factor social de estas plataformas han situado a la Web 2.0 en el centro de los ataques de los ciberdelincuentes.
Frente a las 865 amenazas basadas en JavaScript, HTML o PHP registradas durante 2006, en 2007 se llegó a 3.203.
En los cuatro meses que llevamos de 2008, la cifra se ha disparado hasta las 2.685 amenazas (un 128% más que el cuatrimestre anterior), lo que comparado con las 347 que se produjeron en el primer cuatrimestre de 2007 supone un crecimiento del 774% respecto a dicho periodo.
Después de estos datos, creo que la responsabilidad recae en padres, educadores y universidades para que ofrezcan una información segura y fiable sobre los nuevos medios de comunicación.
Entre los que conocen la red, están aquellos que saben sacarle partido para montar su propio negocio. Como Ángel María Herrera, del grupo EvoluZiona. Dicha empresa lleva desde el año 2005 promoviendo proyectos en la Red orientados al sector cultural y de ocio. Entre ellos grupobuho.es, portaldelescritor.com o actividadesculturales.es.
Así nace Bubok, una iniciativa que podría definirse como el “Lulu español” o mejor, como se describen ellos mismos en su blog, un “servicio de autopublicación online”.
Herrera se planteó que si cada mes les llegaban más de 300 obras que no podían atender, se hacía necesario “crear algo para que cualquier persona pudiera publicar su obra”.
Unos por negocio, otros por estar en contacto con los amigos, y otros por pura diversión. Lo cierto es que todos estamos ‘colgados en la red’.