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SENSACIONES

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Última actualización 08/10/2008@00:00:00 GMT+1
La primera semana de agosto Budapest es un hervidero multicultural. En estas fechas se celebra el Sziget, el festival de música más grande de Europa. Los balnearios se llenan de rockeros y la ciudad parece el centro del mundo. Se acabaron las vacaciones, pero no está de más recordarlas.

Autor: Miguel Ayuso


El festival
Siete dias, 385.000 personas y 600 conciertos. Las cifras hablan por si solas. El festival Sziget de Budapest es el encuentro musical más importante de Europa.
Nada más atravesar el puente de entrada a la isla de Oduba, en pleno Danubio, uno se da cuenta de la magnitud del evento. Heavys, raperos, viejos rockeros, adolescentes a la última… Todas las tribus urbanas que puedas imaginar se dan cita en la isla. A su lado el Benicassim parece una fiesta patronal de medio pelo.
Lo primero que sorprende en Sziget es la hetereogeneidad absoluta de su cartel. Veinte escenarios dan para mucho y elegir es una tarea difícil. En Sziget no hay tregua. La programación se solapa de manera constante y es imposible verlo todo, aunque da la impresión de que a nadie le importa. Paseando por la isla queda muy patente que la gente viene a divertirse, y los grupos son sólo un pretexto.
La isla es una auténtica ciudad repleta de personas las 24 horas del día. Las tiendas de campaña se extienden por todo el recinto, ocupando la más mínima parcela de suelo no transitado. Aunque al festival debe acudir toda la juventud de Hungría, sorprende la cantidad de personas que se desplazan de otros países de Europa, sobretodo de Francia e Italia, además del resto de países del Este.
El festival todavía no es muy conocido en España este año se fletaron dos autobuses y es la primera edición en la que han participado artistas españoles, en concreto Che Sudaka y Mercedes Peón.

Los conciertos
Este año los grandes reclamos musicales del festival eran Iron Maiden, REM y los Sex Pistols, sin duda los conciertos más multitudinarios. Pero la verdadera esencia de Sziget es la posibilidad, más bien la certeza, de perderse por las calles del festival e ir viendo que te encuentras.
Uno de nuestros grandes descubrimientos fue la carpa de música gitana, donde la gente bailaba como poseida al ritmo de la música romaní. (Mención especial para el Gypsi Sound System, sin duda una de las pinchadas más bizarras que he visto en mi vida).
Otro de los escenarios con solera era el HammerWorld Stage, para los amigos “la carpa jevi”. Eso era otro festival aparte. Las muñequeras de pinchos y las melenas al viento campaban a sus anchas, en el microcosmos del metal. Grandes del género como Iced Earth, Apocalyptica o Exodus pasaron por allí.
Para relajarse un poco estaba también el escenario de jazz, con un cartel bastante resultón. Maceo Parker fue el plato fuerte del escenario (lástima que coincidiera con Adam Green, que por cierto, dio un conciertazo en toda regla). Los amantes de la música electrónica también tenían su sitio, con artistas como Vitalic o Carl Cox (que canceló a última hora su actuación)

No sólo música.
En la isla de Sziget no sólo hay música. Es curioso ver la presencia que tienen todos los colectivos sociales. Hay una gran zona donde se encuentran las carpas de partidos políticos, confesiones religiosas y ONG´s. Dentro de sus carpas hay, a su vez, distintos conciertos y actividades de todo tipo.
Aparte de esto el festival contaba con la infraestructura de una auténtica feria. Al contrario que en otros festivales, donde se reduce al máximo el número de puestos de comida que se pueden montar, en Sziget había de todo. Se podía encontrar comida de toda Europa (había hasta un puesto de churros, con mucho éxito). También estaban muy presentes los productos nacionales como el Gulash, el famoso guiso de carne, y la Palinka, un aguardiente de frutas que sólo se encuentra en Hungría.

Buda y Pest
El Sziget Festival es una excusa perfecta para conocer la capital de Hungría. La ciudad como tal existe desde el siglo XIX, cuando se juntaron las municipalidades de Buda y Pest. Cada una de estas ciudades se situa a un lado del Danubio y todavía mantienen una identidad propia. Ambos lados del Danubio son ahora Patrimonio de la Humanidad.
Aunque es dificil compaginar los dias de festival con el turismo merece la pena darse un paseo. Es curioso ver como el centro turístico está abarrotado de festivaleros, y es aún más surrealista visitar uno de los baños termales de la ciudad. Budapest es la ciudad con más pozos de aguas medicinales y termales del mundo. Su balnearios tienen historia y eso se nota nada más entrar. En estos días los abuelos que frecuentan estos lugares se mezclan en armonía con los jovenes que acaban de salir de la tienda de campaña.
Lo más espectacular de Budapest es dar un paseo por el Danubio. A los lados del río se extienden majestuosas construcciones.
En el lado de Pest destaca el Parlamento de Hungría, un edificio neogótico, influenciado por el parlamento británico. En el lado de Buda sobresale el impresionante castillo, que ocupa toda una colina. Dentro de sus muros se extiende una ciudad paralela, donde están la mayoría de embajadas y organismos oficiales. Dentro del castillo se puede visitar el impresionante Palacio Real y el palacio Sándor, sede oficial de la Presidencia de la República, así como la Catedral de Buda.
Otro de los atractivos turísticos de Budapest es su barrio judío. En el se encuentra la mayor sinagoga de Europa, todavía activa.
Budapest es una ciudad plagada de vida y actividad cultural. Una ciudad que invita a volver. 
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