Hemeroteca :: 13/11/2008
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SENSACIONES

Arte

Última actualización 13/11/2008@00:00:00 GMT+1
Si quieres enriquecer tú vista sólo tienes que abrir los ojos ante las creaciones de uno de los grandes artistas de la historia del arte occidental. Entre el 14 de octubre y el 6 de enero Rembrandt toma el Museo del Prado. En la exposición se pueden ver las distintas etapas del pintor holandés en 35 pinturas y cinco estampas procedentes de veinte lugares distintos.

Autor: Antonio Martinez


La exposición está ubicada en las salas A y B del nuevo edificio de la ampliación del Museo. En ella puedes ver  de forma cronológica la evolución artística y humana del pintor. Rembrandt nos muestra pinturas inspiradas en la historia, la religión y la mitología clásica. En la escala de valores de Rembrandt y sus contemporáneos estos temas eran los más importantes a los que podía dedicarse un pintor. Además es en ellos donde mejor podía representar las reacciones de las personas ante situaciones dramáticas, y con ello explorar la condición humana.

Prioriodidad a las emociones

Rembrandt estudió sus gestos ante un espejo para preparar sus autorretratos. Se pueden ver en sus cuadros que los personajes que dibuja se contorsionan para dar mayor expresividad. No existe un único estilo característico de Rembrandt en su juventud, sino una variedad de idiomas a través de los cuales buscaba expresar, con la mayor intensidad posible, los sentimientos de los protagonistas de sus historias. En sus primeras obras el pintor holandés se centra en la manifestación externa de las emociones y los sentimientos humanos, expresándolos a través de gestos y expresiones muy animadas. De hecho, el propio artista, en el cuadro El descendimiento, aparece autorretratado como un personaje más de la historia subido en una escalera y mirando directamente hacia el espectador. En esta primera etapa el interés del pintor se centrará en las formas robustas y redondeadas de la década de 1630. En 1645 es cuando Rembrandt cambia su estilo y su pintura se torna más tranquila y menos dramática. En este periodo más maduro se vuelve más intimista y delicado, centrándose en la quietud y la concentración pscológica. El vigor físico se transforma en vigor de espíritu. Los cuadros que pinta a partir de este momento transmiten una sensación de peso moral realmente conmovedora, que supone lo más original del pintor. La exposición concluye con Autorretrato como Zeuxis, pintada sólo cinco o seis años antes de su muerte, la última obra en la que el artista, particularmente obsesionado con la representación de su propia imagen, se retrató a sí mismo. En él se representa en el papel de Zeuxis, el pintor griego que murió de risa cuando pintaba el retrato de una anciana arrugada y estrafalaria. El aspecto inacabado es un rasgo característico de Rembrandt. Con ese estilo afirmaba su independencia como creador y su creencia en que los objetos de la pintura van más allá que representar la mera apariencia de las cosas.
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