Autor: Miguel Ayuso
La crítica le vapulea y gran parte del público le desprecia, muchos lo consideran un vulgar taxidermista, pero por alguna razón Hirst siempre se sale con la suya. El mes pasado levanto ampollas por prescindir de los intermediarios y subastar su obra directamente en Soteby´s, recaudando la friolera de 13 milones de euros por una vaca en formol y 140 millones por el total de las obras. Muchos vieron en esta operación una estrategia de Hirst para librarse de un buen montón de obras que nadie quería comprar, dejar de pagar el 40% de comisión que le cobraba su galería, y así de paso dar de que hablar, algo que siempre se le ha dado bien, y es que más que un artista es una estrella del marketing.
Pasado unas semanas se supo que en realidad fueron amigos y socios del artista los que le compraron directamente gran parte de la obra para incrementar su valor artificialmente y poder venderlo todo más tarde, con el precio inflado.
Ahora Hirts va a sacar de gira a su obra estrella, For the love of God, una calavera de platino con 8.601 diamantes incrustados, valorados en 18 millones de euros. Se trata de la obra de arte moderno más cara del mundo, suponemos que no sólo por su valor artístico. La calavera es propiedad de un grupo de inversores que pagó por ella 77 millones de euros y claro está, piensan sacar partido a su inversión llevando la calavera a las capitales artísticas del mundo.
Lo cierto es que Hirst reconoce abiertamente que es tan sólo un empresario y que tiene 150 personas contratadas para fabricar sus obras. Ni siquiera la calavera es cosa suya, se la encargó a un concocido joyero londinense.
No se necesitan muchos más datos para darse cuenta que el bueno de Hirst tiene más cara que espalda, pero eso no impide que la revista ArtReview le considere la figura más poderosa del arte contemporaneo. Bien es cierto que no es el primer ejemplo de arte marketing. Esto ya lo hizo Andy Warhol hace mucho tiempo, la diferencia es que Warhol sabía cambiar de registro y explorar nuevas formas. A Hirst le queda ya muy poco que aportar. Ahora estará en Amsterdam promocionando su calavera, y paseando por los canales, mientras sus 150 empleados disecan más animales y los bañan en formol. ¿Truco o trato?