SENSACIONES
Teatro
Por
María Brea
x
mariamenos25com/5/5/13
Última actualización 26/01/2009@13:32:39 GMT+1
Siempre planea sobre nuestras cabezas el “cualquier día pasado nos parece mejor” aunque en realidad todos esperamos que lo mejor esté por llegar.
Hace apenas un mes, los 6.000 y pico millones de habitantes de la Tierra brindamos por ello en la doceava campanada. Bueno, los 6.000 no, sólo aquellos que vivimos lo suficientemente bien como para poder llenar un vaso de cualquier cosa y compartirlo con alguien… dejémoslo pues en ¿1.000 millones?
Cada noche, todas las noches, nos obligamos a cerrar los ojos y convencernos de que mañana será mejor y que el sol nos calentará y reconfortará más. Esta necesidad de esperanza aunque sea autoimpuesta nos salpica sin parar: esperamos que el euribor baje, que nuestra cuenta corriente suba, que nuestra relación recupere los escalones perdidos por el desgaste, que echen a Perico y no a mi -tan miserable como esperanzador- o incluso llegar a formar parte de ese grupúsculo de afortunados denominados mil euristas (curioso, el año pasado lo que queríamos era dejar de formar parte de ese grupo y escalar).
Este “leiv motiv” está casi más presente en nuestras vidas que la continua y permanente crisis que lo impregna todo (ponga a crisis el apellido que prefiera: económica, de autoestima, de identidad…). En este mismo mundo viven los personajes de Días Mejores, la obra del estadounidense Richard Dresser gestada en la Abadía bajo la batuta del director del Teatre Lliure, Alex Rigola, responsable de montajes como Ubú Rey y Largo viaje hacia la noche, y que podrá verse en ese mismo espacio hasta el 8 de marzo.
¿La situación de estos personajes? Una muy parecida a la que hoy viven muchos. La obra, escrita hace veinte años, no sólo no pierde vigencia, sino que nos puede llegar a parecer visionaria (¿otra vez nuestro autoengaño salvador en acción?). Una freakada cuajada de situaciones aparentemente surrealistas que sin embargo no son sino otras versiones de las patochadas que todos hacemos para sobrevivir. ¿Sabías que uno de los sectores que más está creciendo con la crisis son las consultas del tarot y “ciencias afines”? Increíble pero cierto. Parece que estamos condenados a dar vueltas por este círculo vicioso en el que estarse quieto es aun más desalentador que el dejavu permanente. ¿Malos tiempos para ser un superhéroe?